DISNEY, LA FÁBRICA DE NIÑAS TRISTES

DISNEY, LA FÁBRICA DE NIÑAS TRISTES

Muchas veces el perjuicio no es intencionado. Incluso a veces es producto de una buena intención. Seguro que los guionistas de Disney, cuando perfilaban sus personajes, sus princesas y sus príncipes azules, no pensaban que hubiese la menor posibilidad de causar daño a nadie. ¿qué daño podía hacer la narrativa sobre unos personajes tan ideales?

Pues precisamente eso; su idealidad.

Las expectativas de príncipes ideales generaron frustración

Disney, con su buena intención, elevó  las expectativas de millones de niñas con la idea de que el príncipe azul era posible. Y aunque no fuese posible, marcaba una referencia y cuando tienes una referencia, no quieres conformarte con menos.

El resultado es un montón de jovencitas que vivieron en busca de un tipo cortés, cariñoso hasta el extremo, empalagosamente amable y pendiente de ellas por encima de todo.

Todos sabemos que el mundo no es así, pero pudiendo imaginarlo, aspiraban a ello.

De esta forma, algunas pensaron que era culpa suya porque su imperfección ahuyentaba a los príncipes azules mermando su autoestima. Otras se desilusionaron con el mundo pensando que todo era una mierda porque nadie se acercaba al ideal. Otras se radicalizaron renunciando a tener una vida maravillosa aunque no ideal.

-Permíteme una vez más la exageración, pero la creo necesaria para que se entienda el argumento-

No existen los ideales, ni las verdades absolutas, ni los extremos buenos

El problema está en la interpretación de los ideales. Como creemos en las verdades absolutas, también creemos que los ideales son absolutos. Unido esto a la tendencia a polarizar nos metemos en un “o todo, o nada” que reduce las opciones dramáticamente.

El mismo efecto que tiene La Cenicienta, lo tiene el discurso de Steve Jobs en Stanford. Se trata de un genio hablando a 35.000 personas sobre una trayectoria ideal que seguro que no se da en un 1/35.000 de los casos. Steve Jobs le dice a 35.000 no talentosos lo que tiene que hacer un talentoso para ser feliz.

La consecuencia es que, igual que las habitaciones de las niñas de mi época se llenaban de posters del Príncipe Azul, los escritorios de miles de jóvenes que inician su carrera profesional se están llenando de fotos y citas de Steve Jobs.

Y no. El mundo no funciona así. Ni ellos son Steve Jobs, ni esto es Stanford, ni el mundo es como era entonces.

Pensar diferente te hace brillante solo si eres capaz de pensar diferente y útil a la vez. De otro modo se nos llenarán las oficinas de millenials quejumbrosos porque ‘el sistema’ no les saca provecho cuando son ellos los que tienen que ser de provecho para cambiar el sistema.

El check list anti-ideales

En ambos casos, estamos abocados a la frustración.

Los ideales son solo ideales y agarrarte a ellos es agarrarte a una realidad que no existe ni va a existir. Mientras sigamos vendiendo ficciones como realidades viables, seguiremos alimentando la frustración.

Dicho esto, me planteo mi manual anti-ideales para cuando se me vayan los pies del suelo:

Entender lo que hizo un tipo brillante, no me hace brillante a mí.

Contar casos de éxito o compactas teorías no me hace empatar con nadie. Mi brillantez la manifiestan los hechos y la capacidad de ir logrando mis objetivos, aunque sea de forma imperfecta

Flawsome. Lo Imperfecto es maravilloso, mucho más que lo perfecto.

No hay nada más coñazo que la perfección. Es la diferencia entre una chica guapa y una chica atractiva. La vida es más atractiva que guapa y sus imperfecciones estimulan nuestro cerebro.

De hecho, los defectos me harán apreciar más las virtudes.

Es como la moraleja de Inside Out, si no sentimos tristeza, no podemos conocer la alegría porque uno es un contraste del otro. ¿Cómo podría saber que mi trabajo mola –sin ser perfecto- si no hubiese pasado por trabajos de mierda?

Nota: Actualizarme.

Este rollo de personajes perfectos y planos está pasado de moda. En las series, y hasta en las pelis de Disney, los personajes son poliédricos ahora. Los buenos tienen lados oscuros y los malos tienen un atractivo irresistible. A veces vas con todos. En el mundo del entretenimiento han entendido que nos enganchan más las realidades complejas. Asúmelo, con el trabajo es igual; si no es un reto, aburre.

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En definitiva, insto a retirar las películas de príncipes azules y también aquellas en los que los protagonistas tienen vidas perfectas, con trabajos exitosos y siempre están motivados.

Vivimos la era de los anti-héroes

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