EL DESCOMPROMISO

EL DESCOMPROMISO


Siempre he dicho que no me fío de aquellos empleados que se tatúan el logotipo de su compañía en el brazo -si, eso pasa en empresas como Nike-.
Son empleados tremendamente comprometidos, especialmente cuando las cosas van a favor. Pero cuando la situación se vuelve adversa… ¡Ay amigo! Entonces es complicado. Cuanto mas quieres a alguien, mas te duele y mas te cuesta perdonar la traición. Y para un ultramotivado de estos, la traición de un jefe -perdida de confianza, reproche, depuración de responsabilidades- es la traición de la Compañía.

En política es parecido. Miremos las estructuras socialistas. El compromiso con el aparato del partido es total. Hasta el punto de que un mismo hecho deleznable, si es perpetrado por «uno de los nuestros», esta bien hecho. Pero cuando el aparato te aparta a un lado, cuando te desprecia como una pieza sustituible, entonces el camarada se derrumba.

Por otro lado estamos los librepensadores. Aquellos que pensamos que la búsqueda del bien personal produce el bien común porque conlleva que, para que a mi me vaya bien, es mejor que le vaya bien al resto. Implica también que para que mi vida discurra a gusto, me conviene llevarme bien con la gente y ser educado. Y también que ser solidario me ayuda a producir una sociedad mejor, mejor para mi.
En la empresa es igual. Mi obsesión por ser un profesional mejor beneficia a la Compañía y el que me cotice en el mercado laboral, revaloriza y proyecta a mi Compañía por tener gente mejor. Y por supuesto, cuando vienen mal dadas, metabolizo las criticas de otra forma porque se que las empresas son entes fríos de los que no puedes esperar afecto, empatía o solidaridad.

Cuanto más me alejo emocionalmente, más productivo soy. Ese es mi fuerte y además, es un beneficio para la Empresa
Pequeña nota futbolera:
Me planteo hoy que ocurrirá con el Barcelona y sus ultrafieles y ultramotivados jugadores, que han mamado los colores del club desde bebés, cuando vengan mal dadas. Honestamente, tengo curiosidad…
Por otro lado observo al Real Madrid, compendio de individualistas en busca de la exhibición personal, que no pierde el pulso -tanto como debería- del mejor Barça de la historia.

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