EN LA EMPRESA JUGAMOS ORTOPÉDICO CON TAL DE QUE LA BOLA ENTRE

EN LA EMPRESA JUGAMOS ORTOPÉDICO CON TAL DE QUE LA BOLA ENTRE

Pido perdón por anticipado a mis amigos tenistas por si digo alguna barbaridad.

Es que a mi hijo le ha dado ahora por el tenis y yo, a rebufo, voy viendo si puedo aprender algo.

Lleva dos años dando clase y, como buen hijo de su padre, pone la vida en el asunto. Sea el asunto que sea. Hace poco se apuntó a su primer torneo. Le fue más o menos bien y, en un momento dado, se enfrentaba al último partido en el que se jugaba el liderato.

He podido observar dos tipos de formas de jugar. Hay niños que juegan a pegarle bien a la pelota, a ejecutar el golpe correctamente, vaya la pelota dentro o fuera. Por otro lado, hay niños que juegan a meterla. Da igual que el golpeo sea heterodoxo -ortopédico lo llaman unos amigos- si la bola va dentro.

Mi hijo es de los primeros.

La tentación del resultadismo

La cuestión es que los días previos al partido, Álvaro estaba nervioso. Quería ganar y me pidió ir a entrenar un poco. Cuando comenzamos, me di cuenta de que fallaba todos los saques y me explicó que hacía dos semanas, el profesor le había cambiado la empuñadura y que tardaría algún tiempo en dirigir bien la bola. Yo le comenté que, de cara al partido, utilizase la empuñadura antigua para asegurar el saque.

En ese momento discutimos. Yo le decía que el partido era importante para él y que, a veces, hay que ser conservador por el bien del resultado. Él me argumentaba que, si quería mejorar de verdad, debía intentar dar todos los golpes con el nuevo saque porque quería aprender a pegarle bien.

En el marketing también hay pasabolas

En el mundo profesional sucede lo mismo. Estamos rodeados de padres –jefes- que nos exigen resultadismo. Les da igual que aprendamos a pegarle bien, solo quieren que no fallemos bolas. Lo que ocurre es que las líneas que delimitan si una bola es buena o mala en el mundo de la empresa son muy difusas y nos piden que le demos con mucho margen de seguridad.

De esta forma los niños no ponemos intención a nuestros golpes en forma de innovación, propósito o sofisticación. Aseguramos con la empuñadura del conservadurismo, lo conocido y la predecibilidad.

El marketing se está jugando feo

Por eso el marketing se está volviendo feo.

De vez en cuando vemos a jugadores elegantes como Federer y los admiramos sinceramente, pero cuando vamos a nuestro partido, le seguimos pegando ortopédico con tal de que entre.

Álvaro ganó el partido.

Lo hizo con el saque antiguo pero se que, cuando creía que no le miraba, cambiaba a la nueva empuñadura

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  • Javier G. Recuenco

    Gigantesca metáfora.