LA FALACIA DEL CRECIMIENTO

LA FALACIA DEL CRECIMIENTO

El otro día vi una charla de Joan Antoni Melé en la que criticaba esa obsesión que tenemos con el crecimiento. Entendemos la vida como un crecer y crecer y después, crecer.

Dice Melé que el cuerpo humano no está diseñado así. Llegado un punto de crecimiento, el cuerpo humano madura y si trata de crecer más allá de lo que le corresponde, se produce un cáncer.

La charla apela a la responsabilidad de los empresarios y a su compromiso con la sostenibilidad en un mundo en el que las empresas, más que crecer, deberían aportar.

No se la verdad que hay detrás de Triodos Bank, pero el alegato es maravilloso.

Me gustan más las personas que la humanidad

Como yo confío más en las personas que en la humanidad, suelo trasladar este tipo de reflexiones a lo micro.

En el desarrollo profesional individual también se da la falacia del crecimiento y, cuando hacemos tope, se da la sub-falacia del ‘movimiento lateral’. Es una sub-falacia porque, al fin y al cabo, sigue encuadrado dentro del marco del crecimiento infinito: hacemos un movimiento lateral, pero para seguir creciendo.

Creo que, como el cuerpo humano, tenemos un tope de crecimiento, entendido bajo el contexto jerárquico-empresarial. Llámalo Principio de Peters o como quieras. Sin embargo, ese tope no es un final. Como el cuerpo, una vez has crecido lo máximo que puedes, entonces puedes madurar.

“La vida no puede alargarse, pero puede ensancharse”

Efectivamente, una vez encuentras la actividad profesional en la que realmente te sientes realizado, ¿por qué estás obligado a seguir creciendo?

Se te abre un campo infinito de ensanchamiento aprendiendo más sobre tu disciplina, siendo cada vez mejor, volviéndote un artesano y convirtiendo tu trabajo en un oficio.

Pero para ganar más tengo que crecer, ¿no?

Hoy en día el mercado laboral está comenzando una disrupción que tarde o temprano lo volverá más meritocrático y sucederá que serán mejor remunerados los que aporten más y no los que más arriba estén en el dibujo.

Hoy en día funcionamos así; para ganar más, hay que crecer en la organización. Es como si en un equipo de fútbol, un jugador para ganar más tuviese que hacerse entrenador. Por culpa de un sistema remunerativo obsoleto, no solo perderíamos un buen jugador en el campo, sino que sobrepagaríamos un entrenador incierto en el banquillo.

El futbol concibe a los jugadores como activos que generan un valor que tiene un precio y la gestión de ese valor tiene otro precio no necesariamente superior.

No se, pero creo que las cosas que tienen sentido acaban imponiéndose.

Mientras tanto, disfrutaré de esta época tan bonita que es la madurez.

O más bien la maduración…

Os dejo el vídeo de la conferencia de Joan Antoni Melé sobre la dignidad humana, merece la pena. Gracias a JuanMa Benítez.

.

.

.

Post navigation