LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD DE LA INFLUENCIA

LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD DE LA INFLUENCIA

La trampa del conocimiento es ese fallo que cometemos al comunicar en el que damos por sentado que nuestra audiencia conoce cosas que no conoce. Afortunadamente, hay científicos como Miguel Peiró -fundador de ‘La Academia: arte y ciencia’– que son capaces de explicarte las cosas de tal forma que las entiendas, por muy zoquete que seas.

Ya he comentado en un post anterior cómo nos enseñó a un grupo qué era un agujero negro. Lo entendimos, aunque aún no lo aprendimos.

El pragmatismo y la curiosidad mezclan mal

La cuestión es ¿para qué sirve conocer qué es un agujero negro?

Es el gran problema del pragmatismo aplicado a la curiosidad en el mundo corporativo. Queremos saber lo que vamos a encontrar y eso no es explorar. Es en la frontera del conocimiento inútil donde se encuentran las soluciones no obvias, dice Fernando de la Rosa.

El caso es que lejos de tirar mi tiempo en un agujero negro, la física me ayudó a comprender cómo funciona la influencia hoy en día.

A ver si soy capaz.

El magnetismo… o no 

Introduciéndonos a la teoría de la relatividad de Einstein, Miguel acudía a la siguiente analogía: imaginemos que vamos en dos coches en paralelo a la misma velocidad. Si ocultamos todo el contexto -el paisaje, la luz del sol, etc.-, tendremos la sensación de estar parados. Sin contexto, no relativizamos.

A continuación Miguel nos explica la fuerza gravitacional que el sol ejerce sobre la tierra partiendo de la definición de la fuerza de la gravedad que hace Newton.

Delante de un trampolín elástico sitúa una canica en el centro: el sol. Imaginemos que otra canica es la tierra. La tierra hace una trayectoria recta, pero si el sol ejerce una fuerza gravitacional, la tierra hará una trayectoria circular aunque no la percibirá. La percepción de la tierra es de avanzar, pero esa fuerza invisible la retiene cambiando la trayectoria.

Newton observa que los dos cuerpos se atraen aunque no se sabía por qué.

Entonces llega Einstein y explica que, la masa del objeto -que se define como energía- produce una deformación del espacio-tiempo. Imaginemos que la colchoneta es la dimensión espacio-tiempo y que el sol, con toda su masa/energía, lo que hace es deformarla. Entonces Miguel hace subir a un participante a la colchoneta hundiendo la lona y formando una especie de cono. Imaginemos pues que el sol, no ejerce una fuerza gravitacional, sino que deforma el espacio-tiempo haciendo que la canica que lanzas recta, gire alrededor de la forma cónica por la pendiente de la misma y no por ninguna fuerza misteriosa.

Newton nos hizo comprender que había una fuerza que atraía unos objetos sobre otros y Einstein concretó que, en realidad no era una especie de magnetismo, sino una deformación del espacio-tiempo.

Ostras, espero que se entienda algo.

El liderazgo, la influencia y el engagement pueden funcionar así

La cuestión es que se me encendió una lucecita sobre otro modelo de atracción: el liderazgo. Incluyo en ello la influencia y el concepto de engagement.

Me hizo preguntarme ¿y si el liderazgo no reside en el magnetismo del líder sino en que éste deforme alguna dimensión de la vida?

Nadie duda de que la forma de hacer política de Podemos ha cambiado gran parte de la sociedad, especialmente en un amplio segmento joven de izquierdas. Sin embargo, Pablo Iglesias suele ser el líder peor valorado por sus votantes. Alberto Garzón es mejor valorado que Pablo Iglesias por los votantes de Podemos.

Ahora la situación es crítica y Podemos podría incluso desaparecer, pero lo que no parece que vaya a desaparecer es la política asamblearia con los círculos en los barrios y comunidades y con sus líderes de cercanía. Los líderes cambian, pero la forma de organizarse no.

Pablo Iglesias e Iñigo Errejon deformaron la forma de representarse a si misma de la sociedad y eso es lo que generó la atracción, no el magnetismo de ninguno de ellos. Sin ellos todo sigue.

Ahora vamos a las marcas

¿Y si el modelo tradicional de aspiracionalidad de las marcas ya no funcionase? ¿Y si las marcas ya no nos importasen por si mismas sino su intención y su comportamiento?

El estudio Meaningful Brands de Havas -375.000 entrevistas en todo el mundo- refleja que a los consumidores nos daría igual que desapareciesen el 74% de las marcas porque solo un 29% de ellas aporta a nuestro bienestar o estilo de vida, adquiriendo significado. En España nos daría igual que desapareciese el 92% de las marcas.

Unilever ya trabaja dotando de propósito a todas sus marcas y declara que sus marcas con propósito crecen un 50% más que el resto del negocio. Un ejemplo claro es Dove y su propósito de que “la belleza no sea motivo de trauma para la mujer”

Está claro que hay una deformación en la sociedad provocada por el respaldo masivo a que la mujer avance hacia la igualdad. Esa deformación en el espacio-tiempo social ha generado una atracción brutal y, en la medida en que sepamos colocar a nuestra marca en el fondo del cono, generará atracción. Eso sí, debe ser honesta y no oportunista. Además, deberá ser humilde porque sus brand lovers están ahí por el propósito y si intenta llevárselos a otro sitio, ellos se quedarán allí. El magnetismo no lo ejerce la marca, sino el propósito.

No hay una fuerza magnética que genere engagement hacia la marca, es la propia deformación del contexto la que atrae a la audiencia y la marca, cuanta más masa/energía ponga en participar en el cambio, mejor percibida será

Conclusión

Todo esto me hace comprender de repente la fuerza de esos líderes silenciosos, que hacen y no dicen, que no miran para atrás a ver si les sigue alguien, que creen en lo que hacen, que son honestos con sus principios y que son capaces de sacrificarse por una causa…

Puedes llamarlo marketing

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