¿SE PUEDE QUERER A UNA MARCA?

¿SE PUEDE QUERER A UNA MARCA?

Hoy voy a hablar de amor.

Es que me hace mucha gracia cuando se relaciona el amor y las marcas. Todo el rollo ese de las Love Brands… No se si puede compararse realmente la relación de afecto que tienes con una persona y la que tienes con un concepto.

Para ello, me voy a basar en este modelo de niveles de afecto:

Voy a hacer el ejercicio de llevarlo a la relación con la marca. 

Mi primera conclusión es que me cuesta separar la marca del producto. Es decir, creo que la relación se produce con una combinación del producto y sus características y del concepto y valores que hay detrás de la marca. A veces pesa más el producto, a veces pesa más la marca.

Vamos con ello:

  1. La neutralidad es la misma. Me da igual esta marca que otra.
  2. El feeling es cuando vas al lineal del supermercado a buscar un chocolate y en cuanto ves una marca o producto concreto, vas a el porque te da buen rollo.
  3. La atracción es cuando llegas al supermercado, no necesitas chocolate, pero te vas al pasillo a hacerte el encontradizo.

Hasta aquí creo que manda más el producto. A partir de aquí, creo que empieza a pesar más la marca. Probablemente, en las anteriores hay más call to action al acto de compra y según se ‘quiere’ más a la marca, pueden aparecer brand-lovers-not-consumers.

  • La química es cuando compartes unos valores con la marca. Es una marca que te cae bien. Es probable que la prescribas si aparece en la conversación.
  •  Querer. Enhorabuena, ya entras en el mundo brand-lover. Probablemente seas un prescriptor activo. La mencionas en conversaciones descontextualizadas.
  • El enamoramiento es cuando piensas con frecuencia. Me imagino que sucede cuando se desea algo que no se tiene y no se necesita -un iWatch, un determinado coche, etc.- o cuando se tiene algo que apetece usar frecuentemente -una prenda, un bolso, etc-
  • La pasión es cuando se trasciende la ocupación mental y deseamos que la marca defina nuestra vida -Harley Davidson, por ejemplo-.

Pues sí.

Creo que me vale.

Además, creo que tiene en común que con el tiempo, el sentimiento se vuelve menos histriónico y más sereno. También creo que, según crece el afecto, se ven más los aspectos positivos y se opacan los negativos con lo que se es más permisivo con los fallos.

Sin embargo, hay algo propio de las relaciones humanas que creo que las marcas no han llegado a desarrollar y es lo que las hacen maravillosas: las personas te quieren de vuelta.

El reto está en dejar de hablar de ‘consumidores’ para pensar en las personas que hay detrás de la estadística, en ofrecer una respuesta única y honesta y en apostar por dar sin evaluar antes lo que vas a recibir a cambio.

Mientras tanto, estaremos esperando que el ‘Love’ venga solo en un sentido.

Creo que esta reflexión no queda aquí…

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