SE RE-ESCRIBE LA HISTORIA REPITIENDO LAS COSAS MACHACONAMENTE

SE RE-ESCRIBE LA HISTORIA REPITIENDO LAS COSAS MACHACONAMENTE

El cerebro inventa el 80% de lo que vemos

Si no lo veo, no lo creo. es la máxima por la que nos regíamos los de mi quinta para cuestionar los dogmas tradicionales. Pues hoy en día, ni eso. Ahora sabemos que el cerebro se inventa el 80% de lo que vemos.

Tan solo el centro de nuestro campo de visión, del tamaño de una pelota de tenis, es percibido con nitidez. El resto de la imagen es compuesto con movimientos microsacádicos que toman una especie de fotos en mala resolución y desenfocadas que nuestro cerebro recompone rellenando los huecos para generar una visualización mental de lo que entiende que estás viendo. Nosotros creemos que vemos algo, pero en realidad es la interpretación que hace nuestro cerebro de la información que le llega.

Esto no solo afecta a lo que vemos sino a todo lo que perciben nuestros sensores: lo que oímos, lo que olemos, lo que tocamos, lo que probamos. El 80% es creado en el cerebro.

El cerebro recrea cada recuerdo y lo distorsiona

Y también afecta a la memoria.

Sí, los recuerdos no son un banco de información que se almacena en el cerebro. Cuando recordamos algo, el cerebro reconstruye la situación cada vez para traerla al consciente. Además, la memoria autobiográfica recrea el recuerdo condicionada por el impacto emocional en aquella situación.

De esa forma, si estuvimos una tarde en una playa maravillosa al atardecer echando unas risas, si eres visual recordarás la emoción de disfrutar del paisaje y si yo soy kinestésico, recordaré mejor las risas. Según vayamos reconstruyendo la secuencia, cada vez iremos distorsionándola y podría suceder que tú solo te acordases del paisaje y no de si echábamos risas o hablábamos de algo serio y que yo recordase las risas, pero no muy bien si era en la playa o en la piscina del hotel.

Es así como los padres divorciados son capaces de generar recuerdos inferidos en la memoria de sus hijos pequeños e influenciables.

Así funciona el cerebro, y significa que no podemos fiarnos de él, al menos de forma literal.

No, de la memoria tampoco puedes fiarte.

(Extracto del capítulo ‘El fin de las certezas’, en ‘Comunicación Emocional’)

El pasado es impredecible

Tercera temporada de Fargo. Último capítulo. Última secuencia.

Gloria, la policía local, está sentada en la sala de interrogatorios frente a V. C. Vargas, el malo más malo de la historia de las series. Es malo por vicio. Es desagradable. Y le está diciendo a Gloria que, en cualquier momento, entrará alguien por la puerta y le dirá que le suelte.

Gloria no le ha conseguido pillar y, llena de rabia, le dice: “Mira, lo que has hecho, lo has hecho. Seré yo, o será cualquier otro, pero alguien encontrará la forma de probarlo porque lo que has hecho ha sucedido…”

Vargas la mira con cara de superioridad y desprecio y le espeta: “El pasado, es impredecible”

Significa que lo que hoy está sucediendo, no tiene nada que ver con el recuerdo colectivo que habrá de este momento en el futuro. Como hemos visto, cada vez que recordemos este instante, lo iremos distorsionando con la influencia del impacto emocional del momento de tal modo que podemos llegar a cambiar la narrativa de la historia con determinada facilidad.

Cuando yo era joven, los españoles éramos unos héroes por haber descubierto América. Ahora, según quien lo cuente, podemos llegar a considerarnos unos colonizadores sanguinarios. En el futuro, quién sabe… Lo mismo se pretende en sentido contrario con el fin de ETA. La gente se apresura por comenzar cuanto antes a imponer su narrativa. La manipulación no puede esperar.

A esto lo llaman ahora ‘re-escribir la historia’ y es práctica habitual en el ámbito político e incluso en alguna parte empresarial.

Cuantas más veces lo repitas, más lo estás convirtiendo en verdad

¿Y cómo se consigue eso?

Pues repitiéndolo hasta el aburrimiento.

Tan tonto como eso.

Si lo repites 200 veces, acabas condicionando el cerebro de quién lo escucha y terminará por barnizar su reconstrucción del recuerdo con ello.

Si repites veintemil veces que en una determinada discusión, el otro fue agresivo, los dos acabareis por recordarla varios puntos más agresiva. Los dos. Porque a nosotros mismos también nos engañamos.

Si repites lo suficiente que unos presos son políticos, lo acabarán siendo en la reconstrucción del recuerdo colectivo. Si repites suficientemente que un producto es malo para la salud, se creará una narrativa colectiva sobre ello.

También se puede hacer para el bien

Pero no solo puede usarse para el mal, también puedes hacer algo positivo con ello.

Imagina que un día cometes un error. Cada vez que te lo recuerdes, puedes martillearte diciendo: “Cómo pude ser tan torpe… es que soy idiota… no tengo el nivel…”. De esta forma, cada vez que recuperes el acontecimiento, te verás como un memo cagándola una vez más y hundirás tu autoestima.

Si eres capaz de decirte: “¡Que mal lo pasé! Pero ese día siempre lo recordaré como el día en que aprendí a gestionar esas situaciones. La vergüenza que aún siento me mantiene alerta cuando me veo en una situación similar”, igual, con el tiempo, acabas escuchándote diciendo: “Desde entonces, me he visto varias veces en escenarios similares y me ha ido cada vez mejor”.

Y, si repites esta narración con insistencia, se acabará convirtiendo en una narrativa positiva de aquel suceso. Es más, no te importará repetirla, incluso compartirla en público.

El recuerdo del hecho ya no será negativo, sino que te generará endorfinas por el recuerdo de haberte superado.

Porque las cosas no son como son. Acaban siendo como las hacemos ser cada vez que las contamos.

Para bien, o para mal

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