EN MI TARJETA PONE “MUSICAZO”

EN MI TARJETA PONE “MUSICAZO”
Decía el otro día Oscar, el manager de Carlos Jean que “Creativo” es una profesión que se define con un adjetivo: “Con dos narices. Es como si Carlos se pone en la tarjeta: Musicazo”. Parece raro que se le atribuyan a un puesto cualidades en realidad ligadas a las personas. En la tarjeta del relaciones públicas no
pone “Supersimpático”, ni el la del vendedor “Persuasivo”, porque en una tarjeta suele ir una descripción funcional de las tareas, no una evaluación de las habilidades.

¿Trabajo por funciones o por habilidades?

La primera reflexión es: ¿por qué esto es así?.
Obviamentees una inercia de la cultura industrial donde la estructura era lo principal y las personas se formaban para encajar en esa estructura de manera casi mecánica. El individuo no importaba, importaban las funciones.
En un mundo en el que cualquier trabajo puede ser realizado por una máquina o un algoritmo, se va a poner en mayor estima que nunca el valor añadido diferencial aportado por las personas. Sin embargo, hoy en día, el valor profesional sigue siendo el que marca la estructura.
Me parece una difícil transición porque asumir que en una tarjeta de visita pueda figurar un talento como “Disruptor” o “Analítico” implicaría que las personas prevalecen sobre la organización y eso tampoco es así. Entre otras cosas porque las personas se mueven y si se mueven ¿tenemos
que reorganizar la estructura cada vez?
Por otro lado, en ese esquema de trabajo deberíamos de darle espacio a cada persona para que interpretase el cargo en su estilo y eso provocaría ineficiencias, descoordinación y duplicidades.
No tengo respuesta ahora mismo, pero estoy seguro que puede haber un híbrido en que a todos nos identifiquen con una función pero también con una descripción de nuestros talentos para desempeñarla.
Ahí lo dejo…

Al asumir un cargo tenemos capacidades potenciales, no reales

En este modelo actual, he visto muchas veces poner a un tipo en un puesto y, por el simple hecho de ser el titular del mismo, inferir que dispone de las capacidades de desempeño de un día para otro.
El caso más claro es los ascensos. Parece que en la noche del martes al miércoles –cuando se hace efectivo el ascenso- el sujeto desarrolle un mayor criterio decisional y visión estratégica y, en base a esa suposición, en la mañana del miércoles se le exige un business plan completo y maduro.
Por el ritmo de trabajo actual y por comodidad de los superiores, se han abreviado al máximo los periodos de transición.
Queremos cambios ya.
Lo mismo sucede con los puestos especializados y en concreto es muy típico en digital. Ponen a un tipo al frente de digital –normalmente porque es el que tiene más contactos en LinkedIn o algo así- y, desde ese momento, se empieza a escuchar la frase “Pregúntale a Fulanito, que es el que sabe de digital”. Fulanito no es digital, está en digital.
No damos tiempo al desarrollo de los talentos.

Qué va a definir nuestro valor profesional

Head Hunter: “¿y qué hacías en esta empresa?
Candidato: “Gestionaba un presupuesto de 15M€…
A ver, el presupuesto estaba ahí antes de que llegases y estará después de que te vayas y si tu valor era gestionarlo, que sepas que en poco tiempo un algoritmo hará el split de medios, la negociación y la
contratación de forma mucho más rápida, eficiente y limpia que tú.
Por lo tanto, en este contexto en el que lo que nos va a definir como profesionales va a ser nuestra capacidad de aportar un valor añadido diferencial, la clave va a estar en:
1. Entender y definir cuál es es valor añadido que ofrecemos. Recordemos que valor añadido no es el valor que creo que aporto, es lo que el que lo recibe considera como valor añadido. Además, es nuestro deber referenciarnos con profesionales relevantes del sector en el que trabajemos.
2. Ser capaces de potenciar y desarrollar esos talentos. Un talento no es un don divino listo para usar, es una base genética trabajada, entrenada y pulida con mucho esfuerzo.
3. Entender cómo nuestros talentos pueden contribuir a la actividad de la empresa que nos contrata o de nuestros clientes. Nos desarrollamos por nosotros y volcamos el valor en beneficio de quien nos contrata.
Entonces sí.
Entonces podremos comprender que en nuestra tarjeta de visita ponga Vendedor Fidelizador o Director de Comunicación Empático o Blogger Inconformista
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Nota:  “Financiero
creativo” – estos suelen intercambiar sus tarjetas en la cárcel, pero estaría
muy bien para saber a qué atenernos

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