LA SLOGANIZACIÓN: CUANDO LA ADHESIÓN A UNA IDEA SE PRODUCE POR LA ESTÉTICA DE LA FRASE, DEL ENVOLTORIO

LA SLOGANIZACIÓN: CUANDO LA ADHESIÓN A UNA IDEA SE PRODUCE POR LA ESTÉTICA DE LA FRASE, DEL ENVOLTORIO

Nicholas Carr, en ‘Superficiales, ¿qué está haciendo internet con nuestras mentes?’ Estudia cómo los estudiantes están hiperestimulados por lo que no son capaces de procesar textos largos. El problema es que esa ‘democracia de los mensajes cortos’ se basa en la consigna, la frase demoledora y altisonante. En definitiva, el slogan.

No es solo que ese slogan carezca de argumentos que permitan generar un juicio propio, sino que la adhesión a una idea se produce por la estética de la frase, del envoltorio. Es decir, nos suscribimos a una idea por cómo suena, no por lo que significa.

De ahí todo lo que está sucediendo en política… y en la empresa también.

Y hablando de política corporativa. Los propósitos de marca, las visiones y misiones, los valores, todas esas frases que deberían alinear a los miembros de una empresa, se han sloganizado de forma terrible. Suenan muy bien, pero están huecas. Son todas prácticamente lo mismo y no dicen nada en el fondo. Y lo que es peor: significan una cosa distinta para cada miembro de la organización.

Algo así sucede también con algunos términos como digitalización, inteligencia artificial, agile, algoritmo, big data. Usamos la palabra, pero no su contenido. Lo prostituimos manoseándolo. Llamamos algoritmo a una función simple en un Excel. Son como las especias de los proyectos: hay que echarles un poco para potenciar el sabor. A nivel nutritivo aportan poco, ¡pero qué sabroso olor desprenden!

El antídoto que propongo es la coloquialidad. Utilizar palabras diferentes y más coloquiales -por lo tanto, más comprensibles- para salirse del bullshitting.

Llamar al pan, pan, y al vino, vino…

En lugar de “Dar al mundo la transparencia que necesita”, di “Instalar cristales con honradez y profesionalidad”. Que eres Cristalerías Martinez, no José Múgica 🙄

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