ESTOY HASTA LOS WORKSHOPS

ESTOY HASTA LOS WORKSHOPS
Ha caído en mis manos el material de ManualThinking. Es una pasada y está diseñado para ayudar en el proceso creativo.
Me ha enganchado.
La cuestión es que está concebido para utilizar en workshops y está bien, pero donde le veo la verdadera utilidad es en el homeworkshop, es decir, en el workshop que hago conmigo mismo.
Sé que hay grandes expertos en metodologías creativas, pero aún así voy a jugarme una batería de collejas exponiendo mi punto de vista.
La primera cuestión es que ser creativo no es tener ideas, ser creativo es que las ideas sirvan. De nada sirve una reunión cuyo objetivo es soltar paridas para ver si, entre ellas, hay una idea genial. La idea que sirve es porque ha sido pulida, afinada, contrastada y meditada y eso no va a suceder en una reunión con un montón de gente opinando.
Las reuniones donde se pretende crear algo entre 8 personas -por ejemplo- tienen un problema y es que hay una obligación de consenso y, además, en un tiempo limitado. De esta forma es probable que el resultado sea la “minima mierda de común aceptación”.

Las situaciones del workshop

Es más, en el transcurso de un workshop se suelen dar diferentes situaciones:
-El que debe liderar -o tiene mayor responsabilidad sobre el asunto- no puede hacerlo y cambia impulso de liderazgo por intentar convencer, seducir e integrar al resto.
-El que produce ideas ve como estas, en cuanto tocan el grupo, son reformuladas antes de haber podido coger sustancialidad. No se aportan ideas, se sueltan intuiciones desarmadas.
-El tímido, a la que nota rechazo, retira su línea de pensamiento
-El que necesita tiempo de reflexión esta fuera, tenemos la sala hasta las 5…
-En la mayoría de los workshops a los que asisto hay una gran distancia en cuanto a la experiencia de los asistentes, de modo que el discurso se mueve en diferentes planos simultáneamente -uno estratégico y uno táctico, por ejemplo, o uno conceptual y otro ejecucional-
-Cuando la discusión se ha densificado suficientemente y han aparecido todo tipo de complejidades, es entonces cuando se produce el vacío de liderazgo. Nadie se atreve a tomar una simple decisión por miedo a la crítica del resto puesto que ya ninguna opción va a contentar a todos.
-De hecho, daría igual, porque para que hubiese coherencia lo que haría falta es que alguien tomase toda la batería de decisiones

Reuniones creativas productivas

No tengo solución metodológica, pero si que tengo claro:
-Que hace falta liderazgo decisional. Puede ser en esa reunión o después, pero no puede estar en manos de más de una o dos. El consenso no es un fin, el fin es dotar de perspectivas a los que decidan para enriquecer su decisión.
-Que el proceso creativo es, en última instancia, introspectivo. Esta muy bien hacer workshops para fomentar la divergencia y meter elementos en la “cazuela” pero el homework -versus el workshop- es fundamental. Si no, las ideas no terminan de tomar forma antes de ser distorsionadas por el grupo.
-Que el workshop no es obligatoriamente algo divertido. Es algo que debe de ser intenso. Si es divertido mejor, pero he visto salir grandes propuestas de acaloradas discusiones.

El workshop de la vida

En el workshop, por tanto, lo que se hace es enriquecer a los decisores dotándoles de enfoques diversos para que en la soledad de su responsabilidad, sean capaces de crear.
Sin embargo, para mí, el verdadero workshop es la vida, que te permite vivir cosas nuevas, conocer a gente extraordinaria, profundizar en experiencias ajenas, entender mecánicas diversas, desarrollar y
entrenar tu empatía, curiosear, curiosear y curiosear…
Porque vivir a fondo te permite llegar al grupo con un extenso fondo de armario de experiencias. Si todo el mundo hiciese así, en el workshop posterior solo habría la necesidad de alinearlas en un marco estratégico del que sería más fácil extraer ideas sustanciales, con fondo, consistentes, aplicables, ricas.
Así, el líder podrá armar la propuesta ejerciendo su responsabilidad de armar ideas que sirvan
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