MANUAL PARA VISITAR ARCO Y TENER UN CRITERIO

MANUAL PARA VISITAR ARCO Y TENER UN CRITERIO

Ya está aquí ARCO.

Hay que ir. Para tomar referencias o por postureo, pero hay que ir.

A mí me gusta hacer la visita en grupo. En concreto, en un grupo lo más heterogéneo posible. De esta forma puedo compartir aproximaciones diversas a las obras que me hacen entender de forma más holística la obra y a la audiencia también.

Cuando alguien me viene con “me han dicho que esta película es buenísima”, siempre respondo “¿quién te lo ha dicho y en qué es buenísima?”, porque resulta que a lo mejor al que recomienda le encantó la fotografía y a mí lo que me interesa son los diálogos.

Hace poco Agassi dijo que Rafa Nadal era el mejor tenista de la historia y es verdad si por ‘mejor’ entendemos capacidad de entrega, intensidad y cómo afrontar las dificultades. Si por ‘mejor’ entendemos la facilidad innata, la elegancia y la técnica, probablemente los que defienden que Federer es el mejor tengan razón.

Nadie tiene la razón, sencillamente son criterios

El problema es que tendemos a interpretar la opinión de otros desde nuestros patrones y no desde los suyos.

La frase que solemos usar es “yo en su lugar hubiese hecho…” cuando la realidad es que debería ser “él en su lugar ha hecho…”. Lo importante es el por qué lo hizo él, no el por qué no lo hubiésemos hecho nosotros.

¿me explico?

Entender el criterio de los demás bajo sus patrones es un ejercicio de tolerancia y de respeto por la diversidad y para mí una feria de arte contemporáneo y el arte en general deben ser interpretados desde el respeto por la diversidad.

Y la vida también.

Pues pensando en ello llego a la siguiente reflexión: ¿y si pudiese mapear el criterio de mis acompañantes? ¿me ayudaría a entender por qué me llaman la atención las obras y por qué les llaman la atención a ellos? ¿me daría esto una interpretación más amplia de la obra?

Pues a ello.

Las tres formas de aproximarse a una obra

Definamos pues tres perfiles de apreciación del arte. Los caricaturizaremos porque es la única forma de definir algo con concreción, exagerándolo.

El Esteta

Su interpretación es puramente estética. Le interesa el qué, lo que la obra transmite, sin hacerse más preguntas. Es el que se subroga a aquello de “el arte te gusta o no te gusta”.

El Conceptual

Su aproximación a la obra viene desde el significado o el por qué de la obra. Le interesa la historia que tiene detrás, o la intención con que se hizo, o lo que significó en su momento. La frase de estos es “cuando te explican el arte, mola más”.

El Funcional

Es un approach puramente pragmático. Le interesa el para qué sirve. Bien sea para ser un elemento disruptor en una sala o para llenar una pared. Lo importante es la función que desempeña. Estos suelen comenzar su comentario con “este vendría muy bien…”

No eres esto o aquello, tiendes a esto o a aquello

Ya tenemos tres perfiles definidos. Ahora entendamos que todos tenemos un poco de cada. Esto significa que no eres esto o aquello, sino que tiendes a esto o aquello.

Vamos entonces a analizar las diferencias entre ellos de dos en dos viendo en qué aspectos se manifiesta nuestra tendencia a uno u otro:

Entre el Esteta y el Conceptual

El Esteta aprecia la belleza intrínseca de las cosas, el Conceptual aprecia la belleza extrínseca. En una charla TED lo explicaban -no recuerdo el autor-: “Imaginemos un dibujo de una flor. Puede gustar más o menos. Eso es la belleza intrínseca. Si te digo que el dibujo fue el último que hizo una niña con cáncer antes de morir, le estoy dotando de una belleza extrínseca”. Eso quiere decir que, según le demos más o menos importancia al significado detrás de la obra, tenderemos a Conceptual o a Esteta.

Entre el Esteta y el Funcional

El Esteta aprecia la obra aislada, por si sola, y después le creará el contexto necesario para que luzca. El Funcional ya tiene un contexto, y lo que piensa es en una obra que cumpla una función en él.

Entre el Conceptual y el Funcional

El Funcional es como ese señor que te enseñaba unas horribles gafas  que se unen por el centro con un imán -ahora las hacer más bonitas ;)- y te lo enseña como si fuese lo más maravilloso del mundo. Lo bonito es usarlo aunque las gafas nos pongan 20 años más en la cara. El Conceptual interpretará esa funcionalidad desde el hecho de que exista, sin necesidad de tener que usarlo. Imaginemos un cuadro que se puede colgar boca arriba o boca abajo, el conceptual contará la característica y explicará los elementos en función de esa utilidad. El Funcional lo cambiará de orientación cada mes.

 Aquí les presento a Elías, Elmo y Ernesto, mis acompañantes

Pues ahora, con permiso, me voy a dar el lujo de describir a mis acompañantes:

Elías, el Conceptual. Es el storyteller por definición. Se zambulle en la historia detrás de la obra y es capaz de reproducirla haciéndola brillar más aún. Le he visto contar la obra de un artista delante suyo y que este me tenga que confesar que su obra le mola más a él mismo.

Elmo, el Funcional. Aprecia la estética, pero porque sirve para comunicar algo. La ropa que llevas –y tiene una memoria fotográfica sobre los outfits de la gente que le rodea- la llevas porque quieres transmitir algo. Escucha con atención las narraciones del Conceptual porque sabe que las aprovechará más adelante en otro contexto.

Ernesto es un Esteta de manual. Por supuesto que aprecia la estética conceptual y la estética funcional, pero en tanto en cuanto estéticas. No existe un gesto bueno o malo, hay gestos bonitos o feos. Es así. Sus descripciones sobre la estética, son estéticas en sí porque usa y abusa de giros estimulantes y palabras llenas de matices.

 …y yo

Y luego estoy yo, que voy a disfrutar de tres enfoques diferentes que me permitirán apreciar los detalles de la obra de arte que más me interesa con diferencia; la naturaleza humana

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