NOS APRECIAMOS TANTO QUE NO TENEMOS TIEMPO DE APRECIAR A LOS DEMÁS

NOS APRECIAMOS TANTO QUE NO TENEMOS TIEMPO DE APRECIAR A LOS DEMÁS

Parece como que hay gente muy talentosa ahora. Puede que sea porque se desarrollan talentos más especializados y digamos que la gente sabe de menos cosas pero más de ellas. Vivimos un contexto de superespecialización.

Sin embargo, por alguna razón, ese supertalento no parece ser tan apreciado. Hay una especie de suma cero en la que hay más talento pero menos aprecio.

Ocurre lo mismo con las ideas; hay millones de ideas muy cachondas que son despachadas con un “¡Bah! No está mal”.

Mi teoría es que hablamos tanto que no tenemos tiempo de escuchar

Mi teoría es que con todo esto de la revolución digital se nos han abierto demasiadas ventanas de expresión. Vivimos una era en la que cualquiera tiene herramientas para hacer pública su opinión. Y claro, si podemos opinar, opinamos. Lo que ocurre es que, mientras estamos opinando, no podemos escuchar.

Las herramientas actuales permiten publicar la opinión a cualquiera, cuando quiera. Antes, un tipo que expresaba una teoría como esta que estoy escribiendo, tenía que pasar un montón de filtros hasta que esta se publicaba. Eso significaba que lo que llegaba a la audiencia había competido con muchas teorías similares. Lo que se publicaba, era la mejor de entre las propuestas que había.

Hoy en día, sencillamente no hay filtros. Se publica todo. Absolutamente todo. Aquí estoy yo, escribiendo lo primero que se me pasa por la cabeza y a punto de publicarlo en unos minutos.

Pero lo que muchas veces no se corresponde tanto es la audiencia. Parece que si puedo expresar mi opinión es que es relevante. Pero muchas veces la leen cuatro gatos. Aún así, nosotros pensamos que el mundo nos escucha y nos aprueba. Como si por decir las cosas las hiciésemos válidas.

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¿Y sabes por qué no te leen?

Pues porque están todos escribiendo…

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Acabamos considerando que solo nuestra opinión es la válida

¿Qué consecuencias tiene todo esto?

1. Solo vemos nuestro mundo

Es una cuestión de tiempo. Si hacemos una cosa, dejamos de hacer la otra. Si nos recreamos en nuestras cosas, no podemos apreciar las de los demás. No se si te has fijado, pero hay workshops en los que cada uno habla de lo suyo. Uno dice una cosa y, en lugar de construir sobre ella, el otro habla de la suya. Y así todos sin hilar los puntos de vista en una ruta común.

Es como en First Dates cuando las conversaciones son del tipo:

Él: “Pues a mí me mola ir al gimnasio

Ella: “¿Ah, si? Pues a mí me encanta bailar”

Él: “Y las motos, soy un loco de las motos”

Ella: “Pues a mí los perros, me encantan los perros”

Y así se tiran una cena entera emitiendo pero no recibiendo. Al menos, no procesando ni ampliando la información recibida.

2. Al dar nuestra opinión, la reforzamos

Cuando aterrizas por escrito un argumento, lo refuerzas. Aunque sea una tontería. Es más, la dotas de matices que la hacen más única de tal forma que percibes de forma más clara la diferencia entre la tuya y la del de al lado, aunque sean casi idénticas.

3. El ego se dispara

Como consecuencia de la suma de opiniones reforzadas y la falta de escucha de opiniones diversas, se produce una retroalimentación del ego que acaba por hacernos ver como inferiores las ideas y los talentos de los demás.

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No vemos a nadie tan brillante porque nos consideramos mucho más brillantes nosotros

Y aquí es donde hilo con el principio. No vemos a nadie tan brillante porque nos consideramos mucho más brillantes nosotros y no nos impresionan las ideas de los demás porque consideramos las nuestras como las mejores.

Seguramente estarás pensando: “Es verdad, eso le pasa a todo el mundo. Menos mal que  yo lo controlo”. Solo te falta: “voy a escribirlo en un post para que todo el mundo lo sepa”. Y aquí me tienes, entrando en ese círculo vicioso. No, ni tu ni yo nos libramos.

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Test para ver si estás cayendo en ello

Hay una forma de comprobar si estás cayendo en esa autocomplacencia y es chequear si tienes alguno de estos síntomas. Piensa si últimamente has hecho alguna de estas cosas:

  • Hace tiempo que dejas de ver las charlas de otros que no te enganchan al inicio porque consideras que lo que tú dices es más interesante que lo que escuchas.
  • Te ocurre lo mismo con lo que lees. Echas un vistazo en diagonal y casi nunca te paras a releerlo con calma.
  • Hace tiempo que ninguna idea te parece tan brillante. Tu propuesta siempre es mejor.
  • Hace tiempo que no participas en un proyecto sin aportar, simplemente acompañando. Tu contribución siempre es crítica y diferencial.
  • Repites a menudo: “eso ya lo había pensado yo”. Te recomiendo que mires cómo se produce un dejà vu.
  • Repites a menudo: “como yo digo”
  • Repites a menudo: “te lo voy a explicar…”
  • Repites a menudo: “no tienen ni puta idea”
  • Repites a menudo: “lo tienes en mi blog…”
  • Piensas que la gente no practica la escucha activa –deberías verte a ti…-.
  • Hay campañas –pocas- muy chulas, pero todas mejorables.

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En fin, lo dejo porque voy haciendo pleno.

Pero voy a parar porque me parece estar mirando a un espejo y este ejercicio de autocrítica va a conseguir que me baje la autoestima y no seré capaz de que se aprecie mi talento

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