SER UN LÍDER NO ES UN OBJETIVO, ES UNA CONSECUENCIA

SER UN LÍDER NO ES UN OBJETIVO, ES UNA CONSECUENCIA

No quiero pensar que mi enfoque es el único válido porque un mundo en el que todo el mundo piensa igual me parece un mundo aburrido.

Sin embargo, no puedo evitar rebelarme contra el hype del liderazgo. Y lo  hago negando la mayor, negando tres premisas que muchas veces se dan por hechas y con las que no estoy de acuerdo

Primera: El liderazgo no es un objetivo sino una consecuencia

Niego el liderazgo como objetivo. El líder que solo busca liderar es como el político que solo quiere el poder y, cuando tiene que gestionar un país, le da pereza. Entonces gobierna como un candidato, porque su único objetivo es renovar el poder, no obtener logros en la gestión.

El liderazgo espontáneo se produce cuando hay mucha gente muy lista que persigue un objetivo común y, de entre ellos, el resto selecciona a uno en el que se delegan ciertas funciones como consecuencia de su fiabilidad, capacidades o credibilidad. 

Si te ponen al frente, puedes llegar a ser un líder carismático, pero de momento eres un director.

Segunda: No hay un estilo de liderazgo idóneo

Entiendo como liderazgo bueno el que logra unos objetivos. Punto. Si el líder debería llegar a algún sitio, pues el bueno es el que llega ¿no?

Ahora solo queda saber qué queremos lograr

Imaginemos un estilo totalmente heterodoxo, incluso es un estilo casposo, autoritario, pero resulta que logra sus objetivos. ¿es un buen líder?. 

Sí, a estas alturas también me pregunto qué tipo de líder es ese que solo se preocupa por los objetivos. En este punto me planteo: ¿qué prefiero? ¿un líder que es muy querido pero no consigue nada o un líder que somete a su gente a tensión pero logra los objetivos?

Pues probablemente depende de si el objetivo que se persigue es una buena gestión del clima laboral o se necesita lograr unos objetivos de gestión. Conozco empresas que han quebrado por evitar fricciones en el equipo y conozco empresas que han quebrado por las fricciones en el equipo.

En definitiva, depende de qué persigas, servirá un estilo u otro. Es por ello que las multinacionales rotan los estilos de dirección.

Recordemos aquí a líderes universales como Steve Jobs o Michael Jordan que andaban lejos de ser queridos por sus equipos. Todos hemos tenido un jefe que nos ha sometido a tensión, al que solo hemos apreciado con el tiempo cuando nos hemos dado cuenta de cuanto hemos aprendido y lo que hemos logrado. Mientras tanto, lo odiábamos.

Es que, además del contexto, el buen estilo de liderazgo es el que encaja en quién tiene que ejercerlo. Recuerdo a uno de los mejores directores financieros con los que he coincidido, estrechándote la mano en el ascensor, mirándote fijamente a los ojos y preguntándote mecánicamente: “¿Qué tal la familia, Eduardo?”. Todo porque le habían dicho que tenía que ser un líder más cercano cuando la admiración que generaba radicaba en su rigor y eficacia, no es su capacidad empática.

Tercera: Confundimos liderazgo con el síndrome del salvador

Tenemos la vocación de meternos en la vida de los demás. No hay cosa que mole más que ‘cambiarle la vida a alguien’, que ‘haber sido la inspiración’ de alguien, que ‘haber dado el consejo que le cambió la vida a alguien’. A todos nos pasa y hoy en día el síndrome del salvador es pandemia. Queremos ayudar incluso a quien no lo necesita.

Nos gusta decirle a la gente lo que necesita. Me recuerda a Pablo Iglesias diciendo “…a nadie se le ocurre pensar…”, “…quien nos oye estará diciendo…”, como marcándonos lo que tenemos que decir o pensar.

El liderazgo me suena un poco igual, suena a recoger un rebaño y llevarlo a donde a ti te interesa. Eso se llama pastorear, que puede ser considerada una forma de liderazgo, pero será la mejor solo si se tiene un rebaño de borregos.

Paul Ricard, uno de los mayores referentes empresariales de Francia decía que “Nunca contraté a nadie que, ante la pregunta de que qué quería hacer en la empresa, contestase ‘Cualquier cosa’. Porque alguien que no tiene planes para sí mismo, nunca los tendrá para la organización y es que Ricard renunció a presentarse a las elecciones como le pedía gran parte de la nación porque consideraba que un líder no es alguien que marca un camino a seguir, sino quién recoge dónde quiere ir el pueblo y lo lleva a tal fin. Y mientras el pueblo de Francia no sepa a dónde quiere ir, yo no los lideraré”.

Llevado al extremo podría cuestionar incluso la necesidad del liderazgo en determinadas circunstancias. Cuando todos los miembros son responsables y consecuentes, forman un organismo auto-ejecutable. Esto sucede con algunas especies en determinados ecosistemas.

Inconclusión

Esto no nos lleva a ninguna conclusión sobre cuál es el estilo de liderazgo que necesitamos, porque depende de lo que queramos, del contexto y la naturaleza de quien tiene que ejercerlo, y de si partimos de la inteligencia colectiva o queremos decirle a la gente lo que tiene que hacer.

Antes de definir el estilo, hay que contestar a otras preguntas

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